martes, 14 de junio de 2016

RESIGNARSE, RESIGNAR, RESIGNADO...



Queriendo tanto y amando tan poco. Exigiendo y no entregando. Mirando sin mirar, caminando sin rumbo...No arriesgando.

Forjando la espada el herrero sabe, cuántos, cuando y como han de morir los rivales de aquel que se resigna a "vivir luchando". Pero desconoce como dará muerte aquel, que la empuñe "luchando para vivir".
Como el jinete que cae de su caballo embravecido porque la serpiente se interpuso a su paso. Igual cae el telón ante sus ojos, pero su teatro está vacío, solo una voz responde a sus preguntas y oye su monólogo. Solo un respirar vicia su aire y suplica más de su aliento para no morir sin saborear su aroma. Pero el guerrero no lo ve, no lo oye, no lo siente...y aún así se resigna a abrazar solo su cuerpo cada noche y a adorar su mundo lleno de pruebas no superadas. Y no comprende la forja y no entiende al acero, y no lo nombra.
El convencimiento de su verdad lo hace débil y frágil, y se quiebra en cada batalla. Y se siente impotente ante tanta vida. Y se rehúsa a sentir al duende que lo provoca a escaparse por un instante, y ganar un pedacito de esa felicidad que poseen sus manos.
Pasos en falso, creyéndose fuerte, recrean su andar, y son los mismos que cada día lo guían al mismo lugar. Pasos que no lo conducen más que al mismo vagar ingenuo.
Sus lágrimas, espuelas que lastiman a quien lo lleva por entre las espinas que no hieren. Y sus silencios cual garras de la bestia que conquista en cada montaña. La misma que al pasar el prado aparece erguida, como un gigante inerte y tenebroso.
Y esas piedras que guarda en sus escudos, que golpean sus pies y los desangran, se posan para no dejarlo continuar. Y es allí... cuando el vencido resignado, entiende, que detrás del monstruo existe la vida y se enternece cual fiera con su cachorro y espera la tímida salida del sol...y calienta su armadura y deja desvanecer de apoco la dulzura que lo templa. Su cuerpo forjado de pérdidas y esperas muertas se mantiene nuevo a lo que está por llegar. Y se resigna una vez mas a la ausencia de tantos inviernos cobijado por esos troncos ardidos en soledad. y se resigna a existir por existir...Y se desmenuza el bravío, el héroe, el vencedor, el guerrero, el Hombre del cual una vez creo me enamoré...
Resignarse es morir en cada letra que compone su palabra. Diez veces has de morir amando y diez veces has de renacer.
Y nombrarás tu acero y serás quien debas ser...serás Él.